viernes, 23 de junio de 2023


 

 

MIRADA AZUL 





 

Salgo por fin de la RESAD.  Cojo la moto, acelero... la curva, la curva, me encanta esta curva.  Semáforo en rojo, no hay nadie, 60, 70, 80 y de pronto...   UAUAUAUAUAUAU!!!  - ¡Echese a la derecha por favor! - ¡Venga ya! – Los llevaba detrás.

Me paro a la derecha, se paran detrás de mí y bajan del coche. Mi cerebro trabaja buscando argumentos.

-        ¡Buenas tardes!

-        Buenas…

-        ¿Es tan amable de quitarse el casco?

Me lo quito.

-         Acaba de saltarse un semáforo en rojo.

-         Ya…

-        ¿No lo ha visto?

-         Sí. Sí lo he visto.

-         Es una infracción grave.

Me va a dar la tos. Odio los ataques de tos, me pongo a morir, se me saltan las lágrimas, se me corre el rimmel, no puedo hablar.

-         Conlleva una sanción de 200 euros.

Asma. Lo que faltaba.

-         Una rebaja de cuatro puntos …

Un golpe de tos me parte por la mitad, decido aprovechar la coyuntura y me agarro a su brazo, el ataque es violento, muy violento, no puedo respirar, él también me agarra, me dejo caer al suelo (la verdad es que no es para tanto) pero ya puestos… Se acerca el otro.

-          ¡A… gua!!

Les señalo la mochila. Recuerdo que me acabé el agua en el banco de la RESAD mientras me fumaba un cigarro. Pero el policía mira, busca…

-          Terb.. terb… as… min…

Por supuesto no llevo Terbasmin en la mochila. Hace mucho que renuncié a los inhaladores. Pero el policía mira, busca… luego se va al coche, trae una botella de agua. Bebo. Poco a poco mejor. Imagino mi rostro como el de Ana Magnani en “PIEL DE SERPIENTE”, así, destruido, de salvaje y patética belleza y le digo al policía – Muchas gracias.

-         ¿Se puede incorporar?

-       Sí, sí, si estoy bien, es solo que… no sé. No lo sé. Lo del semáforo. De verdad que lo siento.

De pronto me fijo en sus ojos, tiene los ojos azules. Mirada azul - ¡Maldición, estoy perdida!

-          ¿Está tomando alguna medicación?

-          Sí, esto.

 Le enseño el jarabe. Lo mira.

-          ¿Nada más?

Es un bucle, un deja vú, llevo todo el día igual, a saltos.

-           Déjeme la documentación.

No me gusta el cariz que están tomando las cosas; ¿200 euros? ¿cuatro puntos de carnet? Saco de la mochila la carpeta azul; soy una persona ordenada, llevo todos mis papeles en regla. El otro policía se va al coche, éste la abre y se desparraman un montón de poemas de mierda escritos en horas bajas.

-           Jo, ya no me acordaba…

Se pone a mirarlo todo, está en orden, le da los datos al del coche que empieza a hablar con Tráfico.

-           Vamos a proceder a rellenar la sanción. ¿La va a querer firmar?

Me quedo sin recursos, niego con la cabeza, me va a clavar la multa. Tiene unos ojos increíblemente azules. ¡Joder! ¡Me va a clavar la multa! ¡Se está yendo al coche a por el bloc de las multas! ¡Joder, joder, joder!

-           ¡Estoy enamorada!

Vaya cagada, a ver como sigo ahora.

-           ¿Cómo dice?

Me apoyo levemente en el coche que tengo detrás, simulo una respiración entrecortada, no dejo de mirarle. Se acerca otra vez.

-           ¿Se encuentra bien?

-           No, no estoy bien. Estoy enamorada.

Aprovecho su  desconcierto y antes de que reaccione empiezo a hablar mirando al suelo.

-          Enamorada. Encelada. ¿Lo entiendes? Como los gatos. ¿Nunca has visto un gato en celo?  No comen, no duermen, muchos mueren atropellados porque todos sus sentidos están solo en una cosa, no ven el peligro. Los machos pelean entre ellos, pelean con las hembras, las gatas les vuelven locos, las gatas sufren. El celo de los gatos es dolor. Solo hay una forma de calmar el dolor. (Hago pausa con efecto y le miro) - Copular.

 

-           Yo tengo un gato. Un siamés.

Increíble. El chico de la mirada azul tiene un gato. Y es policía.

-           Entonces sabes de lo que hablo.

-           Sí. Pero tú no eres un gato. Eres una persona. No puedes ir por ahí saltándote semáforos en rojo.

Increíble. El chico de la mirada azul me está tuteando. Y es policía.

-           Me da todo igual.

-           Pues muy mal.

-           Ya lo sé.

Me devuelve mi carpeta azul. El otro policía nos observa desde el coche.

-           Mira, por esta vez… voy a pasarlo por alto. Pero no hagas esas cosas, por favor. No te imaginas las consecuencias. Yo lo veo todos los días. No es agradable. Te aseguro que no es agradable.

No deja de observar mientras me pongo los guantes y el casco. Luego se va al coche. Yo enciendo, desmonto y arranco la moto. Tengo un nudo en la garganta. De frente, a lo lejos, un semáforo en ámbar, 60, 70, 80… decido frenar en el último instante.

Destellos azules por la espalda…





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