MIRADA AZUL
Salgo por fin
de la RESAD. Cojo la moto, acelero... la curva, la curva, me
encanta esta curva. Semáforo en rojo, no
hay nadie, 60, 70, 80 y de pronto... UAUAUAUAUAUAU!!! - ¡Echese a la derecha por favor! - ¡Venga ya! – Los llevaba detrás.
Me paro a la derecha, se paran
detrás de mí y bajan del coche. Mi cerebro trabaja buscando argumentos.
- ¡Buenas tardes!
- Buenas…
- ¿Es tan amable de quitarse el casco?
Me lo quito.
- Acaba de saltarse un semáforo en rojo.
- Ya…
- ¿No lo ha visto?
- Sí. Sí lo he visto.
- Es una infracción grave.
Me va a dar la tos. Odio los
ataques de tos, me pongo a morir, se me saltan las lágrimas, se me corre el
rimmel, no puedo hablar.
- Conlleva una sanción de 200 euros.
Asma. Lo que faltaba.
- Una rebaja de cuatro puntos …
Un golpe de tos me parte por la
mitad, decido aprovechar la coyuntura y me agarro a su brazo, el ataque es
violento, muy violento, no puedo respirar, él también me agarra, me dejo caer
al suelo (la verdad es que no es para tanto) pero ya puestos… Se acerca el
otro.
- ¡A… gua!!
Les señalo la mochila. Recuerdo
que me acabé el agua en el banco de la RESAD mientras me fumaba un cigarro.
Pero el policía mira, busca…
- Terb.. terb… as… min…
Por supuesto no llevo Terbasmin
en la mochila. Hace mucho que renuncié a los inhaladores. Pero el policía mira,
busca… luego se va al coche, trae una botella de agua. Bebo. Poco a poco mejor.
Imagino mi rostro como el de Ana Magnani en “PIEL DE SERPIENTE”, así,
destruido, de salvaje y patética belleza y le digo al policía – Muchas gracias.
- ¿Se puede incorporar?
- Sí, sí, si estoy bien, es solo que… no sé. No lo
sé. Lo del semáforo. De verdad que lo siento.
De pronto me fijo en sus ojos,
tiene los ojos azules. Mirada azul - ¡Maldición, estoy perdida!
- ¿Está tomando alguna medicación?
- Sí, esto.
Le enseño el
jarabe. Lo mira.
- ¿Nada más?
Es un bucle,
un deja vú, llevo todo el día igual,
a saltos.
- Déjeme la documentación.
No me gusta el
cariz que están tomando las cosas; ¿200 euros? ¿cuatro puntos de carnet? Saco
de la mochila la carpeta azul; soy una persona ordenada, llevo todos mis
papeles en regla. El otro policía se va al coche, éste la abre y se desparraman
un montón de poemas de mierda escritos en horas bajas.
- Jo, ya no me acordaba…
Se pone a mirarlo
todo, está en orden, le da los datos al del coche que empieza a hablar con Tráfico.
- Vamos a proceder a rellenar la sanción. ¿La va a
querer firmar?
Me quedo sin
recursos, niego con la cabeza, me va a clavar la multa. Tiene unos ojos
increíblemente azules. ¡Joder! ¡Me va a clavar la multa! ¡Se está yendo al
coche a por el bloc de las multas! ¡Joder, joder, joder!
- ¡Estoy enamorada!
Vaya cagada, a
ver como sigo ahora.
- ¿Cómo dice?
Me apoyo
levemente en el coche que tengo detrás, simulo una respiración entrecortada, no
dejo de mirarle. Se acerca otra vez.
- ¿Se encuentra bien?
- No, no estoy bien. Estoy enamorada.
Aprovecho su desconcierto y antes de que reaccione empiezo
a hablar mirando al suelo.
- Enamorada. Encelada. ¿Lo entiendes? Como los
gatos. ¿Nunca has visto un gato en celo? No comen, no duermen, muchos mueren
atropellados porque todos sus sentidos están solo en una cosa, no ven el
peligro. Los machos pelean entre ellos, pelean con las hembras, las gatas les
vuelven locos, las gatas sufren. El celo de los gatos es dolor. Solo hay una
forma de calmar el dolor. (Hago pausa con efecto y le miro) - Copular.
- Yo tengo un gato. Un siamés.
Increíble. El
chico de la mirada azul tiene un gato. Y es policía.
- Entonces sabes de lo que hablo.
- Sí. Pero tú no eres un gato. Eres una persona. No
puedes ir por ahí saltándote semáforos en rojo.
Increíble. El
chico de la mirada azul me está tuteando. Y es policía.
- Me da todo igual.
- Pues muy mal.
- Ya lo sé.
Me devuelve mi
carpeta azul. El otro policía nos observa desde el coche.
- Mira, por esta vez… voy a pasarlo por alto. Pero
no hagas esas cosas, por favor. No te imaginas las consecuencias. Yo lo veo todos los
días. No es agradable. Te aseguro que no es agradable.
No deja de
observar mientras me pongo los guantes y el casco. Luego se va al coche. Yo
enciendo, desmonto y arranco la moto. Tengo un nudo en la garganta. De frente, a lo lejos, un semáforo en ámbar, 60, 70, 80… decido frenar en el último
instante.
Destellos
azules por la espalda…

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