BIDUIDO. LAREIRA.
...---...
Yo lo dije, sí, lo dije.
Lo dije de todas las maneras,
pero nadie quiso oirlo ni entender.
Nadie quiso acercarse y escuchar.
Las palabras se fueron por el aire
de la mano de las lágrimas
y el miedo.
Por el aire se marcharon los tres juntos.
Llamé timidamente y escribí.
Dijisteis -"Hoy no me viene bien. No puedes prolongar un día más la muerte de las cosas?
El jueves, o el viernes, o quizás...
De veras que hoy no me viene bien
guardar
tu Pena".
Y así mi Pena y yo nos arrugamos, como una hojita vieja de papel,
y el hígado, el riñón, y los pulmones
se quedaron muy quietos
y callados
para no convertirse en un problema.
Porque nunca quisimos molestar.
Y nos quedamos mudos nuevamente.
Y nada sucedió.
Solo silencio.

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