martes, 27 de junio de 2023

 

YO ME LLAMO MACHBETH

 

“Perder el sueño, que desteje la intrincada trama del dolor; el sueño, descanso de toda fatiga; alimento el más dulce que se sirve a la mesa de la vida."

W. S.


Para M.M  (Lady)





I


 

Yo aún tenía 13 años. Ella ya había cumplido catorce. Tal vez fue mi primer amor real.

Ella era todo lo que yo quería ser. Era muy lista, valiente y alegre. Yo no. Yo no tenía la piel dorada, ni el pelo ondulado, yo sólo escribía diarios.

Mis padres la odiaban. Los suyos también.

Yo jugaba con ella.

-        - Mírale. Parece un actor antiguo. O mejor, un actor viejo.

-        - Debe de haber sido muy guapo.

-        - Te ha mirado.

-        - Ha mirado hacia aquí.

-        - No. Te ha mirado a ti. Siempre lo hace. Le gustas.

Ella sabía mucho de las personas. Nunca se equivocaba. Aquel hombre solía dar largos paseos por el parque. Fumaba. Y un día nos saludó con un gesto.

-        - Está loco por ti.

-        - ¡Vámonos!

-        - ¡No! Mírale. Está muerto de deseo. Seguro que nadie le ama.

-       - ¡Vámonos!

-        - Es trágico. Es un personaje trágico.

-        - Es viejo.

Le vimos muchos días. Yo aprendí a identificar su deseo por lo que ella decía, por la cara que ponía al hablar de los hombres, no de los chicos. Los chicos, según ella, no servían para nada.

-        - Lo que te pasa es normal. Tiene que ver con las hormonas. Tu cuerpo es el de una mujer, aunque sigas pensando como una niña.

-        - Tú eres más alta.

-        - Son cuerpos distintos. Yo no tengo curvas. Voy más lenta.

Era verdad. Yo parecía una chica de quince o dieciséis. Ella, tan delgada, no necesitaba sujetador, parecía un chico guapo de catorce.

-        - No me gusta mi cuerpo.

-        - A los hombres sí.

Llegó un día en el que yo me descubrí pensando en él, concretamente en la melancolía que arrastraba. Ella sugirió que deberíamos hablarle. Y lo hicimos. Los dos congeniaban muy bien, pero era a mí a quién él miraba todo el tiempo.

-        - ¿De verdad sólo tienes trece años?

-        - Casi catorce.

-        - Los cumple en diciembre ¿Y usted?

-        - Yo… cumplo en mayo.

 

 

II

 

Sólo era un juego.

Lady dijo que tenía que marcharse porque estaba castigada. Él  quedó desconcertado, algo inquieto, empezó a contarme cosas y también me preguntaba. Terminó su petaca, se excusó y se marchó a los arbustos como tantas otras veces. Simplemente esperé diez segundos. Después fui tras él, despacito, como ella había dicho. Me quité la camiseta.

-        - ¡No! No hagas eso ¿Qué haces?

Sentí pena ante la expresión de su rostro, me acerqué, me quité el sujetador. 

Lo demás lo hizo él, y fue breve. Muy breve. Muy torpe. Registré en mi memoria el olor de su boca de adulto, el alcohol y el tabaco, la presión de sus dedos, y aquello que tal vez eran caricias. No quedó ni un resquicio de mi cuerpo que no fuera recorrido por sus manos,  pero yo no sentí nada y, antes de mancharme, me aparté. Se giró y terminó en soledad, como Lady había dicho, en el suelo, agarrado a sí mismo, entre los arbustos. Creo que le oí sollozar. Seguramente ella también.

Lady dijo que no tenía por qué preocuparme.

Solo éramos niñas, la culpa no era nuestra. Él era un hombre adulto, no tenía que haber hecho aquello.

Paseaba por el parque siempre solo, fumaba, nos miraba, intentaba absorber nuestra alegría, a veces se sentaba en el banco y sacaba una petaca, bebía, conversábamos. Lady le animaba a decir cosas, me adulaba. Y cuando anochecía él ya me devoraba con los ojos. Me miraba la boca cuando hablaba.

Así día tras día, todo el verano.

Por eso al final yo hice lo que Lady me pidió.

 

Corrí para llegar a casa.

 

 

III

 

El vídeo era explícito, pero no se veía mi rostro, sólo a él.

-        - ¿Qué crees que pensaría su mujer?

 

 

IV

 

Su mujer lo vio colgando de una viga del garaje. No dejó ninguna carta. Tenía dos niños pequeños, supimos muchas más cosas de él cuando murió. Se llamaba Duncan, era profesor de instituto.

No supo encajar la derrota.

 

 

V

 

Mucha gente nos había visto juntos a los tres, en aquel banco del parque.

Lady dijo que tendríamos que borrar el video, que en verdad era un fastidio no haber visto el cuerpo, que tal vez habría sido fascinante porque en Duncan se juntaban el amor y la muerte. Y dijo también que yo era afortunada.

Sin embargo, empecé a dormir mal.

 

 

VI

 

Me enseñó un pedacito de papel.

-        - ¿Qué es?

-        - Un secante, sólo tienes que dejarlo en la lengua, un ratito. Dejar que se deshaga. Después te lo tragas.

-        - ¿Seguro?

-        - No dejes que te toque los dientes.

Ella hizo lo propio

Un trocito de papel con un dibujo: un triángulo azul con una flecha.

Mi primera discoteca.

Nos habíamos pintado los labios con un rouge que ella robó en alguna tienda, se había puesto encima un pantalón muy ajustado y un top que le quedaba diminuto. Yo llevaba un vestido muy corto. Cumplía quince años, pero no hubo problema en la entrada.

-        - ¿Qué va a pasar?

-       - No lo sé. Nadie lo sabe. Es conocimiento, experiencia ¿lo entiendes?  Muy pronto crecerás, te harán responsable de tus actos. Ahora es el momento de probar. Te gustará. Se trata de aprender.

De pronto las paredes empezaron a acolcharse y la piel se me llenaba de sonrisas, veía a Lady al fondo, lejos, muy lejos, mis sentidos jugaban a cambiar las proporciones, las distancias, pero ella tenía razón. Todo era tan… divertido.

-        - Cómo te llamas.

-        - ¡Alicia! – mentí.

-        Era un chico muy guapo, seguramente simple y sensible, con unas orejas largas…

Y entonces las vi a Ellas. Idénticas las tres. Flotaban en el aire, reían, con ojos luminosos, planeaban, levitaban. Me giré hacia la pista y comprobé que estaba llena de lagartos, culebras, ratones, pollitos... las culebras estaban en pie, verticales, todos ellos danzando al compás de DJ Nano.

-        ¡No cese, no cese el trabajo, aunque pese! ¡Que hierva el caldero y la mezcla se espese! ¡No cese, no cese el trabajo, aunque pese! ¡Que hierva el caldero y la mezcla se espese!

Vi girar la pista, lentamente. Yo misma giraba en el centro de las cosas, giraba con Ellas, giraba entre Ellas. Me tocaron. Me elevaron, me sacaron del planeta, me mostraron el futuro.

Me indicaron que yo reinaría.

 

Luego vi muerta a Lady. No sirvió que la besará en los labios. No quiso  despertar. Vivió dieciséis años y nunca fue una niña.

Por lo visto la mató un aneurisma provocado por la ingesta de aquel pedacito de papel.

LSD.

 

 

VII

 

Ahora estudio Psicología.

Y tengo un pequeño secreto: un trabajo especial de seis a diez.

Luego siempre ceno en casa con mis padres, mi familia.

Ellos me quieren, me cuidan, sé que están orgullosos de mí. Yo jamás les he dado un disgusto, siempre he sido obediente y he sacado buenas notas.

Mis hermanas pequeñas me adoran, soy un referente, un modelo a seguir.

Aunque yo solo soy yo cuando trabajo. Soy muy buena porque sé que al otro lado siempre hay alguien que disfruta y aunque yo no pueda verle, él sí puede verme a mí.

También Lady.

Sigue viva en la mirada de esos hombres, tristes, rotos, solitarios, que vienen a mirar mi cuerpo sin poder tocarme.

Sí, lo hago para ella, cada vez. Todas las veces.

Aunque yo no pueda verla ella puede verme a mí.

Y yo sé lo que le gusta.

Lo que nos gusta a las dos…

 

 

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

...---...

                             BIDUIDO. LAREIRA.                                         ...---... Yo lo dije, sí, lo dije. Lo dije de todas l...