4.48 PSICOSIS
Foto de Esmeralda Martín
FICHA
De Sarah Kane
Traducción: Eva Varela Lasheras
Dirección: Luz Arcas - La Phármaco
Interpretación: Natalia Huarte
Iluminación: Jorge Colomer
Escenografía: Pablo Chaves
Vestuario: Luz Arcas
Música original: Adrián Foulkes
Espacio Sonoro: Pablo Contreras
Asistencia artística: Victoria Aime
Colaboración artística: Sebastian Vogler
Mirada externa: Teresa Casas
Ayudante de dirección: Javier L. Patiño
Residente de ayudantía de dirección: Cristina Hermida
Una coproducción del Teatro Español y La Phármaco
El termómetro marcaba 38 y el bochorno resultaba insoportable, ayer, martes, 27 de junio, en la puerta del Teatro Español.
Serían las siete y cuarto cuando se
abrió la sala Margarita Xirgu y unos cuantos devotos de Sarah Kane accedimos al
interior y ocupamos nuestros asientos. Mi abanico y yo, en primera fila, butaca
7, no muy centrada. Ya antes de sentarme compruebo que el grueso de la
escenografía se ubica en el lado opuesto, a la derecha. Percibo, en la
penumbra, una cama rodeada de objetos. A la izquierda frente a mí, un lavabo,
una silla, una toalla… elementos muy precisos, muy bien iluminados. Desde un
ángulo, en proscenio, se sostiene un cabo que termina en una especie de asidero,
en el centro, muy alto, entre las varas, donde no podemos verlo. Todo el suelo
es como el papel pintado de la casa de tu abuela. Universo años 90 en Londres,
me imagino. Tonos rosas, flores y geometrías… pues eso, de papel pintado…
Interesante escenografía. Adecuada. Elegante.
La función va a comenzar. Solo quedan
tres minutos. Desde megafonía se agradece que apaguemos los teléfonos. Sí, eso
es imprescindible. Sería bueno apagar, también, a ser posible, toses y
carrasperas…
Y de pronto ya estás dentro, en la
oscuridad de las 4.48, en el silencio, en la absoluta soledad de un alma que
respira.
El texto comienza con frases susurradas,
desde la cama, en la oscuridad. La protagonista apenas se mueve, emite su
discurso desde un espacio hipnagógico, con la necesidad de abrir los ojos, con
la dificultad de incorporarse. Va saliendo del sueño, poco a poco, a través de
la palabra, a través del hermoso, lúcido y sobrecogedor discurso de Sarah Kane,
apoyado en el ritmo de los golpes que, ella, la protagonista, produce sobre la
cama. Esa percusión sencilla, es tanto más que efectiva ya que, rodea al texto
de una música íntima, orgánica, que reverbera en el espacio como el dolor que
aqueja a quien la emite.
La actriz posee una voz prodigiosa,
templada, expresiva, muy rica en matices. Y sabe utilizarla. Maneja los
silencios, los tonos e inflexiones, domina el discurso y lo hace suyo, y todo
cuanto dice es comprensible, certero y efectivo. Natalia Huarte, actriz, hace
un trabajo, excelente, desde la verdad, y eso asoma en la voz y en el cuerpo, un
cuerpo al que pone a respirar en agonía y que, es capaz, de conmovernos por su
frágil desnudez apenas cubierta por un pañal, un guante o una venda en la
muñeca. Son detalles que nos recuerdan que Sarah va a morir. Que lo ha
intentado antes. Que está en el umbral entre dos mundos y, sobre todo, que
tiene algo que decir. Y que lo dice. El texto de Sarah Kane es denuncia, no es
solo síntoma. Natalia está estupenda.
La iluminación es otro de los puntos
fuertes de este montaje en el que todos los recursos están perfectamente
integrados para llevar adelante una función que, a priori, se antoja difícil.
Un monólogo desde la fragilidad más absoluta, la que impera en alguien que sabe
que va a morir, que ya lo ha decidido y que no va a dar marcha atrás. En eso,
en la cuidada fusión de los lenguajes escénicos radica el éxito de la propuesta.
La música de Adrian Foulkes arropa instantes de mucho sentimiento. Es un
montaje preciso, potente, emocionante. Y la responsable es la directora, Luz
Arcas, que se estrena en el teatro de texto nada menos que con Sarah Kane, una
autora de culto que puso fin a su vida, un 20 de febrero, en el hospital donde
estaba internada, después de una carrera meteórica en la que demostró que se
puede ir más allá y romper los límites convencionales del hecho escénico. Luz
Arcas coge el testigo y pone en escena este texto desde un lugar distinto,
porque ella sí emplea los diferentes lenguajes posibles de la escena y lo hace
con el conocimiento que le otorgan los muchos años sobre las tablas con La Pharmaco,
su compañía de Danza Contemporánea.
4.48 Psychosis, el texto, está de plena actualidad ya
que muestra el dolor previo al suicidio de una mente crítica, artística, de una
lucidez extrema; la mente de una joven cuyo estado es patológico y se está
desintegrando, pero es capaz de articular un grito en el que nos reconocemos,
ese grito que cuestiona la falta de amor y comprensión y es capaz de criticar,
sin paliativos, a una sociedad que oculta el dolor consumiendo calmantes. Arcas
detecta este aspecto, importantísimo, en el texto y se aleja del drama en favor
de la tragedia. No hay lágrimas, el dolor se manifiesta en movimiento, en la
luz, en el silencio, en la pausa; sístole, diástole, tiempo. Respiración. Luz
Arcas afronta el legado de Sarah Kane con rasgos de estilo efectivos,
personales y pulcros y, al contrario de lo que haría la autora, nos ahorra el doloroso
final con un oportuno y sugerente OSCURO.
El público premia la función con un
aplauso abundante y merecido. La actriz sale a saludar, una vez y otra vez… A
la tercera o así… sonríe.
En fin, una grata experiencia, tanto
que desde el minuto 1, ya estaba atrapada por la función, y no escuché las
toses (si las hubo) Esto es, siempre, muy de agradecer.
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