miércoles, 28 de junio de 2023

CRÓNICA DE 4.48 PSICOSIS (Sarah Kane) - Teatro Español (Madrid) - La Phármaco



4.48 PSICOSIS


Foto de Esmeralda Martín


FICHA

De Sarah Kane

Traducción: Eva Varela Lasheras

Dirección: Luz Arcas - La Phármaco

Interpretación: Natalia Huarte

Iluminación: Jorge Colomer

Escenografía: Pablo Chaves

Vestuario: Luz Arcas

Música original: Adrián Foulkes

Espacio Sonoro: Pablo Contreras

Asistencia artística: Victoria Aime

Colaboración artística: Sebastian Vogler

Mirada externa: Teresa Casas

Ayudante de dirección: Javier L. Patiño

Residente de ayudantía de dirección: Cristina Hermida

Una coproducción del Teatro Español y La Phármaco


            El termómetro marcaba 38 y el bochorno resultaba insoportable, ayer, martes, 27 de junio, en la puerta del Teatro Español.

Serían las siete y cuarto cuando se abrió la sala Margarita Xirgu y unos cuantos devotos de Sarah Kane accedimos al interior y ocupamos nuestros asientos. Mi abanico y yo, en primera fila, butaca 7, no muy centrada. Ya antes de sentarme compruebo que el grueso de la escenografía se ubica en el lado opuesto, a la derecha. Percibo, en la penumbra, una cama rodeada de objetos. A la izquierda frente a mí, un lavabo, una silla, una toalla… elementos muy precisos, muy bien iluminados. Desde un ángulo, en proscenio, se sostiene un cabo que termina en una especie de asidero, en el centro, muy alto, entre las varas, donde no podemos verlo. Todo el suelo es como el papel pintado de la casa de tu abuela. Universo años 90 en Londres, me imagino. Tonos rosas, flores y geometrías… pues eso, de papel pintado… Interesante escenografía. Adecuada. Elegante.

La función va a comenzar. Solo quedan tres minutos. Desde megafonía se agradece que apaguemos los teléfonos. Sí, eso es imprescindible. Sería bueno apagar, también, a ser posible, toses y carrasperas…

Y de pronto ya estás dentro, en la oscuridad de las 4.48, en el silencio, en la absoluta soledad de un alma que respira.

El texto comienza con frases susurradas, desde la cama, en la oscuridad. La protagonista apenas se mueve, emite su discurso desde un espacio hipnagógico, con la necesidad de abrir los ojos, con la dificultad de incorporarse. Va saliendo del sueño, poco a poco, a través de la palabra, a través del hermoso, lúcido y sobrecogedor discurso de Sarah Kane, apoyado en el ritmo de los golpes que, ella, la protagonista, produce sobre la cama. Esa percusión sencilla, es tanto más que efectiva ya que, rodea al texto de una música íntima, orgánica, que reverbera en el espacio como el dolor que aqueja a quien la emite.  

La actriz posee una voz prodigiosa, templada, expresiva, muy rica en matices. Y sabe utilizarla. Maneja los silencios, los tonos e inflexiones, domina el discurso y lo hace suyo, y todo cuanto dice es comprensible, certero y efectivo. Natalia Huarte, actriz, hace un trabajo, excelente, desde la verdad, y eso asoma en la voz y en el cuerpo, un cuerpo al que pone a respirar en agonía y que, es capaz, de conmovernos por su frágil desnudez apenas cubierta por un pañal, un guante o una venda en la muñeca. Son detalles que nos recuerdan que Sarah va a morir. Que lo ha intentado antes. Que está en el umbral entre dos mundos y, sobre todo, que tiene algo que decir. Y que lo dice. El texto de Sarah Kane es denuncia, no es solo síntoma. Natalia está estupenda.

La iluminación es otro de los puntos fuertes de este montaje en el que todos los recursos están perfectamente integrados para llevar adelante una función que, a priori, se antoja difícil. Un monólogo desde la fragilidad más absoluta, la que impera en alguien que sabe que va a morir, que ya lo ha decidido y que no va a dar marcha atrás. En eso, en la cuidada fusión de los lenguajes escénicos radica el éxito de la propuesta. La música de Adrian Foulkes arropa instantes de mucho sentimiento. Es un montaje preciso, potente, emocionante. Y la responsable es la directora, Luz Arcas, que se estrena en el teatro de texto nada menos que con Sarah Kane, una autora de culto que puso fin a su vida, un 20 de febrero, en el hospital donde estaba internada, después de una carrera meteórica en la que demostró que se puede ir más allá y romper los límites convencionales del hecho escénico. Luz Arcas coge el testigo y pone en escena este texto desde un lugar distinto, porque ella sí emplea los diferentes lenguajes posibles de la escena y lo hace con el conocimiento que le otorgan los muchos años sobre las tablas con La Pharmaco, su compañía de Danza Contemporánea.

4.48 Psychosis, el texto, está de plena actualidad ya que muestra el dolor previo al suicidio de una mente crítica, artística, de una lucidez extrema; la mente de una joven cuyo estado es patológico y se está desintegrando, pero es capaz de articular un grito en el que nos reconocemos, ese grito que cuestiona la falta de amor y comprensión y es capaz de criticar, sin paliativos, a una sociedad que oculta el dolor consumiendo calmantes. Arcas detecta este aspecto, importantísimo, en el texto y se aleja del drama en favor de la tragedia. No hay lágrimas, el dolor se manifiesta en movimiento, en la luz, en el silencio, en la pausa; sístole, diástole, tiempo. Respiración. Luz Arcas afronta el legado de Sarah Kane con rasgos de estilo efectivos, personales y pulcros y, al contrario de lo que haría la autora, nos ahorra el doloroso final con un oportuno y sugerente OSCURO.

El público premia la función con un aplauso abundante y merecido. La actriz sale a saludar, una vez y otra vez… A la tercera o así… sonríe.

En fin, una grata experiencia, tanto que desde el minuto 1, ya estaba atrapada por la función, y no escuché las toses (si las hubo) Esto es, siempre, muy de agradecer.







 





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